viernes, 18 de diciembre de 2009

"M. El vampiro de Dusseldorf" de Fritz Lang (1931)

En el año 1927 se estrenó la primera película íntegramente sonora de la historia del cine, “El cantor de jazz” de Alan Crosland y progresivamente se fueron haciendo films con sonido integrado y se fue dejando atrás el cine mudo. Pero esto fue en Hollywood, porque en Alemania hasta el año 1930 con “El ángel azul” de Stemberg, no se habían rodado aún sonoras. Fritz Lang al año siguiente en 1931, filmó su primera película con el nuevo sistema “M. El vampiro de Dusseldorf”, y fue un autentico prodigio en el manejo del sonido. Sorprende que siendo su primer film sonoro Lang supiera utilizar tan bien el sonido empleándolo con tanto sentido, y utilizarlo con tanta eficacia en todo el metraje, combinándolo de forma magistral con muchísimos silencios. Utiliza el sonido para realzar situaciones en las que el silencio se había apoderado, para así poder darle mucha importancia a los diversos ruidos que van apareciendo, otorgándoles sentido en la narración del film. No es por casualidad que por el empleo del sonido, detengan al infanticida ya sea por el silbido que utiliza constantemente, o por el ruido que hace al intentar abrir la puerta del edificio donde está acorralado. El fuera de campo también tiene mucha importancia en el film, tanto en las imágenes como en el sonido, empleándolo de forma brillante para sugerir determinadas acciones en vez de mostrarlas, demostrando el dominio del lenguaje cinematográfico que tenía controlando el espacio fílmico dentro y fuera del plano de la cámara a la perfección.
Fritz Lang nunca creyó demasiado en la justicia y eso queda de manifiesto en el film donde un grupo de gente de los barrios bajos encabezados por mafiosos capturan al infanticida, y lo juzgan ellos mismos en vez de llevarlo a la policía porque piensan que lo soltarán por estar enfermo y podrá volver a reincidir en sus asesinatos. De esta forma Lang nos está introduciendo un debate moral entre si es lícito llevar a un asesino que está enfermo a la cárcel o a un psiquiátrico para que lo curen, o es mejor poner fin a su vida para asegurarse de que no vuelva a cometer ninguna atrocidad. En ningún momento el film se decide por ninguna postura, para dejar al espectador que decida por si mismo y de paso dejar en duda todo el sistema judicial, remarcándolo con ese último diálogo de una madre diciendo tras la detención del asesino que “esto no devolverá la vida a nuestras hijas”. De esta forma Lang nos quiere decir que cualquier decisión que tome la justicia con este infanticida, no reparará jamás el dolor de una madre que ha perdido a una hija asesinada, y así hacernos reflexionar en el papel que realmente tiene la justicia.
Es una obra maestra absoluta de la historia del cine por como nos hace reflexionar sobre un tema tan delicado, y por como nos lo cuenta en su puesta en escena, manejando el ritmo de la acción y el montage con elegancia, y utilizando todos los recursos del sonido y de la cámara con una imaginación desbordante. Toda esta maravillosa utilización del nuevo sistema sonoro y de la importancia de jugar con el fuera de campo, queda perfectamente explicado en los primeros siete minutos del film. Se nos presenta a la víctima, al asesino fuera de campo viéndose solo en una sombra, a la madre temiendo por la vida de su hija mirando al exterior de su casa con el reloj de pared sonando, y finalizando con el asesino comprándole un globo a la niña empleando un silbido y en una elipsis en donde no vemos nada, pero sabemos que la niña ha muerto mediante un plano de la pelota que llevaba la niña y otro del globo solo en el aire. Por como combina el sonido y el dentro y fuera de campo en esta secuencia, con un montaje preciso, hacen que sea uno de los mejores inicios de un film que se hayan hecho jamás, y explica a la perfección el camino que el cineasta opta para contarnos toda esta maravillosa película.

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